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Icíar Bollaín regresa a la gran pantalla este viernes de la mano de Katmandú, su nueva película basada en hechos reales.
La cinta, rodada enteramente en Nepal, ha sido uno de los retos más importantes en la carrera de la directora por las precariedades del país. Pero al mismo tiempo una gran experiencia ya que ha trabajado con muchos actores no profesionales.
Hemos estado con la directora y esto es lo que nos ha contado.
Cosmo: ¿Por qué Nepal? Icíar Bollaín: La historia en la que se inspira la película sucedió en Nepal, esa es la razón.
C: ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en Katmandú y en las montañas de Mustang? I.B.: La experiencia ha sido intensa. Es un país con sus propias dificultades, sus precariedades, donde hacer cosas es difícil para los propios nepalés, por lo que también lo era lógicamente para nosotros. Me he quedado con ganas de volver a disfrutar del país, de las montañas pero, sin tener que trasladar de aquí para allá a 50 personas.
C: ¿Y qué tal trabajar con un equipo en el que había muchos actores no profesionales? I.B.: La experiencia con los actores no profesionales ha sido agotadora pero muy recompensada. Encontrarlos fue largo, pero el trabajo con ellos fue muy bonito y aportan una verdad imbatible.
C: ¿Puedes contarnos cómo es la evolución de Laia, la protagonista? I.B.: La protagonista empieza su aventura con mucho entusiasmo y también con ingenuidad. Y un poquito de esa prepotencia primer mundista de pensar que lo que hacemos y como, es mejor que lo que hacen ellos. Poco a poco va escuchando, aprendiendo de la otra cultura, se abre al amor, a la amistad, y también paga un precio por todo ello. Cuando termina la película Laia es mas madura y seguramente, mas profunda.
C: ¿Esta experiencia ha supuesto también una evolución para los miembros del equipo, para ti misma? I.B.: Hay algo muy estimulante en hacer una película en un lugar como Nepal donde la cosa más cotidiana se convierte en una aventura, desde conseguir llegar a la casa de alguien nepalí que te ha invitado a comer en una ciudad sin semáforos ni nombres, hasta comprar una camisa en un sastre. El no conocer la lengua ni los códigos hace que todo sea como digo, una aventura, a veces incierta, a veces divertida y a veces no tanto.
La película se estrena el próximo 3 de febrero, ¿te la vas a perder?
Aránzazu García 02/02/2012
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